Un Kito!

Un Kito!
Detras

Jerónimo casi Triana

Mie!!! -recuerdo haber dicho con un hilo de voz- mientras le señalaba a un niño la escena de una mujer de piel morena, nariz aguileña y ojos perdidos que gritaba y se derrumbaba. 
Corrí junto a ella para gritar también sin entender lo que le pasaba.
 ...Días después estuve cansado de escuchar gritarla, de gritarla, de ver tanta gente que nombraba a mi papá y entonces decidí jugar debajo de la caja y la mesa que estaban en el centro de la sala de mi casa a las que todos veían aburrida o tristemente. Nunca se molestaron por eso, ahora entiendo porque nunca lo hicieron.

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